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Campus Novella

Centro de Formación en Imagen Personal

BENDITA PRIMAVERA, ALERGIA MALDITA

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Córdoba, marzo de 2014. Plaza de la Corredera. Son las doce del mediodía, y las terrazas de los bares están repletas de gente que, ávida de sol tras un invierno largo y agotador, se toman unas tapas disfrutando del deseado cambio de tiempo. Me dedico a pasear por cada rincón de la plaza buscando un sitio donde sentarme tranquilamente, hasta que al final me canso y me lanzo a buscar un sitio mejor. Tomo una de las callejuelas, y pasando por la plaza del potro llego a la rivera del Guadalquivir.

Por fin encuentro un sitio en una de las terrazas, y satisfecha por mi logro, me siento, muy orgullosa de mi conquista. Pido y me dedico mientras espero a observar el precioso paisaje que tengo en frente. Y es que estaba (estábamos) deseando que llegara la primavera: El sol activa nuestro cuerpo, nos sentimos mejor, y eso de que las tardes sean más largas nos sienta de maravilla. Y ahí estaba yo, espectadora en primera fila, con mi copa de vino y mi último conjunto primavera-verano que llevaba dos semanas deseando estrenar. Sin embargo, no tenía ni idea de lo que me quedaba por pasar: la mayor tortura que existe.

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Todo comenzó con una ligera molestia, un leve picor. Luego, casi imperceptible, empezó a ir a más, provocando que me rascara (ya no tan elegantemente como me hubiera gustado). Pero no paró; siguió y siguió y empeoró hasta que por fin lo hice: estornudé. Habían llegado. Sólo habían tardado un par de días, pero ése es tiempo más que suficiente para que nos invadan. Y nosotros sin darnos cuenta.

Cada uno de ellos iba a por mí. Chocaban contra cada célula de mi piel y los que conseguían llegar a mis retinas me provocaban una ceguera temporal a causa del lagrimeo y el escozor. Mis ojos, perfectamente maquillados para un día luminoso, se convirtieron en algo parecido a tomates vidriosos, llorosos, hinchados… Y con el contorno emborronado, por todo el maquillaje. Un lindo mapache, vamos. Menos mal que tenía pañuelos de papel. Como pude (con mucha integridad todavía) saqué los pañuelos y con el espejito de mi bolso me limpié como pude los ojos. Obviamente, seguían hinchados, llorosos y rojos, pero al menos no tenían churretes.

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Malditos. Malditos enemigos, perfectos, invisibles, microscópicos, imperceptibles. Lo peor es que no se quedaron ahí: los que consiguieron entrar en mi sistema respiratorio, comenzaron a interaccionar con las células de mi tráquea y mi epitelio nasal, llamando la atención de cada elemento que se encontraba con ellos, y provocando que esas moléculas provoquen el caos. El dragón que despertaron son las inmunoglobulinas E (IgE), destinadas desde el principio de nuestra especie a combatir contra los parásitos y que, gracias a nuestras conductas higiénicas, no tienen mucho que hacer, por lo que (unido a otros hechos), actúan de manera desmesurada. Estas inmunoglobulinas despiertan a los grandes mastocitos, basófilos y eosinófilos, que ingenuos les hacen caso, provocando la respuesta inflamatoria de mis vías respiratorias, llegando al bloqueo en casos graves. En cuestión de segundos pasé de estornudar levemente a estornudar violentamente, sin parar una y otra vez, haciendo mucho más ruido y casi tiro la copa de vino. Pasé de ser una espectadora a ser yo la que daba el espectáculo entre tanto estornudo y tanto ruido al sonarme con los pañuelos de papel.

Malditos. Malditos granos, pululantes. No me explico cómo algo tan nutritivo y tan rico como es el polen, pueda provocar una respuesta así por parte de mi sistema inmune. De hecho, eso son las alergias: respuestas exageradas ante algo tan inocuo como el polen. Y es bien típico de la primavera, lo mismo que el sol, el calor y todo lo demás. Es cierto que el factor genético es importante, pero también los factores ambientales; hay teorías que hablan de distintos motivos: desde el exceso de contaminación o la temprana exposición a los humos de los coches o el tabaco, hasta la excesiva higiene, propia de los países desarrollados, que impide que nuestro sistema inmune trabaje por sí solo cuando somos pequeños, con la consecuencia de que al crecer no es capaz de distinguir lo que es inocuo de lo que no, reaccionando de esta manera.

Pero el caso es el mismo, sean cuales sean los motivos. Mi tarde perfecta, con mi tapa perfecta, en mi sitio perfecto, con mi modelito perfecto, se convirtió en lo que durante los próximos tres meses será la misma batalla a base de antiestamínicos, clínex y gafas de sol de todos los años. Una tortura tremenda.

Elena Aguilar

2 responses to “BENDITA PRIMAVERA, ALERGIA MALDITA

  1. Ángela

    Elena me encantan tus artículos. Haces que esos términos tan raros y, en ocasiones, mal sonantes sean atractivos. Ummm!!!

    P.D. Esperando 2º parte del anterior.

    Firmado: una mente en ocasiones colapsada :-)

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    1. Editor Post author

      ¡Muchas gracias! Es un honor que te guste lo que escribo (^^). La verdad es que si al leerlo pasas un buen rato y encima te enteras de algunas curiosidades o resuelves alguna duda, yo he cumplido con mi objetivo de sobra.

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