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Campus Novella

Centro de Formación en Imagen Personal

EL AMOR SEGÚN TU CUERPO

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Todas las mañanas igual: me despertaba, me iba a la ducha, me peinaba lo mejor que podía y me ponía frente al armario. Y a ver qué me pongo ahora; algo que me siente bien, que realce mis curvas, que entre por los ojos. Y es que sé que voy a verte, y sé inconscientemente que los hombres os enamoráis por los ojos, fijándoos en la proporción de las curvas.

Y llego al trabajo y allí apareces. Me miras y yo igual. Veo como se dilatan tus pupilas, y sé que te gusto, que te atraigo; veo como me sonríes. Yo, que seguro que también hago lo mismo, veo tus señales: señales animales, inconscientes, necesarias. Y al verte exploto por dentro. Me siento drogada, literalmente: en mi cuerpo estallan dopaminas, feniletilaminas, adrenalina… Hormonas que inducen un cambio en mi comportamiento: me hacen que tú seas lo único que vea en todo el día, aceleran mi pulso, dilatan mis capilares, me producen calor y una sensación de felicidad y un deseo por ti que no tienen nombre. Sé perfectamente que en cuanto te veo mi cerebro lee tus pupilas dilatadas, y se inunda de feniletilamina, y que eso provoca que en mi cuerpo irrumpa la dopamina, por lo que tengo el mismo efecto que si me metiera una raya o me hinchara de chocolate. Lo sé perfectamente pero me da igual: aunque esté colocada de hormonas te deseo igualmente.

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Al final, como siempre, me dices que hablaríamos por la noche. Otra noche más hablando hasta las tantas sin sensación de cansancio ninguno, descubriendo puntos en común contigo, aprendiendo cosas, luchando por conseguirte y por dejar de que sea el portátil el que está sobre mis piernas. Y es que estas mismas hormonas son las que me mantienen así, sobre todo la dopamina, que se encarga de iniciar este comportamiento de “tengo de conseguir mi premio”.

Nos lanzamos, y quedamos para cenar. Qué típico. Pero bueno, al comer se activa una zona del cerebro colindante con la del placer sexual, así que eso de la cena romántica tiene su significado. Desde que te veo aparecer por la puerta del restaurante vuelvo a explotar, y la adrenalina, vasodilatador, abre cada uno de mis capilares a ras de piel, haciendo que mis nervios se vuelvan hipersensibles. Una caricia tuya me vuelca, y sabiendo el mecanismo de cómo lo hace, me sigue derritiendo.

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“Basta de rodeos”, pensé al final de la cena. Y acabamos en mi cama. Al cóctel de caricias, jadeos, susurros, todas las sensaciones aumentadas por el cóctel de hormonas, se suma la oxitocina (la del cariño, la que crea vínculos afectivos), la que hace que lleguemos a un clímax que los dos deseábamos desde hace semanas, la que convierte ese orgasmo en esa sensación maravillosa a la que la sigue una sensación de calma, somnolencia y tranquilidad propia de la posterior descarga de serotonina. Y duermes conmigo.

Por la mañana me despiertas, me pones nerviosa. Y al mirarte me sonríes, te acercas y después de darme un beso en el cuello, justo detrás de la oreja, me susurras un “feliz día de San Valentín”.
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Yo ya, inconsciente, te sigo el juego. “San Sistema Endocrino, mejor dicho”, pienso yo.


Elena Aguilar

2 responses to “EL AMOR SEGÚN TU CUERPO

    1. Editor Post author

      Muchas gracias por leernos. El cuerpo humano es fascinante pero en muchas ocasiones desconocemos cómo funciona. Un saludo.

      Reply

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