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Campus Novella

Centro de Formación en Imagen Personal

TU METABOLISMO Y TÚ

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Y por fin acabaron las navidades. Acabaron las cenas familiares, las de amigos, trabajo, tapeos… Acabaron los abusos de (deliciosos) dulces navideños, de alcohol, de dormir mucho (y poco) y de moverse lo justo. ¿Y cuál es el resultado? Acidez de estómago, dolores de cabeza, trastornos de sueño y, sobre todo, kilos de más.

Y claro, ahora junto con los demás propósitos de año nuevo también está el volver a cuidarnos, y perder todo lo que hemos engordado estas navidades. Y por supuesto, queremos resultados rápidos. Pero antes que la rapidez, debería importarnos la eficacia. Desde Campusnovella queremos recordaros lo importante que es este principio, esta vez, tomando como protagonista nuestro metabolismo.

El metabolismo, en términos generales, son todas esas reacciones químicas que se producen en nuestro cuerpo con el fin de convertir lo que comemos y obtener energía de ello. También se encarga de fabricar elementos estructurales necesarios sobrevivir o mantener la temperatura. Este metabolismo, llamado metabolismo basal, es como si fuera nuestro propio reactor energético y la manera que tenemos para obtener la energía es alimentándonos. Tras la ingestión de los alimentos, comienza la digestión, donde se consiguen los nutrientes (proteínas, glúcidos, grasas) que se absorben y luego se oxidan (se queman) para obtener de ellos energía.

Nuestro metabolismo no es el mismo para todos: por ejemplo, los niños tienen un metabolismo más alto que los adultos (a partir de los 20 años, nuestra tasa metabólica baja) y las mujeres tienen un metabolismo más bajo que los hombres. Incluso en una misma persona, el metabolismo cambia (por ilustrar con un caso actual, en invierno, como las temperaturas son más bajas, nuestro metabolismo sube para mantener la temperatura), Por lo que para cada caso se requiere unos requerimientos energéticos distintos.

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Lo mejor para recuperar el estado en el que empezamos las navidades de manera sana y segura, es aumentar nuestro metabolismo, nuestra tasa metabólica. Para ello, lo primero que debemos hacer es comer bien: un mínimo de cinco comidas diarias, en las que la fruta y verdura tengan más importancia que las grasas y los dulces. El motivo de las cinco comidas (aunque sea comer más de lo que estamos acostumbrados), está claro, y es que de esta manera estamos continuamente tratando los alimentos ingeridos (tal como describimos antes), y el llevar a cabo este proceso requiere energía. De esta manera, el cuerpo se acostumbra a obtener energía cada corto periodo de tiempo, por lo que no tiende a crear reservas, sino a consumir todo lo que produce, Por lo tanto, el secreto está en tomar alimentos como frutas y verduras, que son de digestión compleja y a la vez energéticamente pobres.

Hay también otros consejos, entre los que destacan:

  • Beber agua. No es necesario beberse ocho litros de agua, pero sí está bien beber al menos un vaso durante las comidas y cada cierto tiempo. Es tan malo beber demasiada agua como estar sediento durante una mañana sin hacer nada.
  • Dieta mediterránea. La dieta mediterránea es el mejor ejemplo de dieta saludable que podamos encontrar, y tiene cientos de años. Esta dieta se basa en términos generales del alto consumo de hortalizas, verduras y frutas, y el mayor consumo de pescado que de carnes.
  • Desayunar. El desayuno es la comida más importante para nuestro cuerpo, por mucha costumbre que tengamos de tomarnos sólo un café y luego desayunar a media mañana. Podemos aumentar nuestro metabolismo basal si desayunamos antes de que pase una hora desde nuestro despertar, y eso nos ayudará a estar más despiertos. Porque aunque no os lo parezca, nuestro cuerpo se despierta mejor teniendo una manzana en el estómago que un café solo. Un buen desayuno tiene fruta y cereales, pero como normalmente vamos corriendo a todos lados, se suele recomendar tomar cereales al poco de levantarnos y a media mañana, tomar una pieza de fruta.

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Otra manera de aumentar nuestro metabolismo, complementario a comer bien, es hacer ejercicio. Con una hora diaria andando a paso rápido, o saliendo tres días a correr por más de cuarenta minutos es suficiente. Da igual lo que hagamos (aeróbic, deportes de equipo…) el caso es moverse. Así haremos que nuestra tasa metabólica aumente, incrementando el gasto energético.

Así que ahora que sabemos el por qué de cada tópico que nos dicen nutricionistas, monitores de gimnasio y demás, ya sólo queda ponerlo en práctica. Porque la salud empieza desde dentro.

 

Elena Aguilar

profesora de campus Novella

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